Irene le tiene un cariño muy especial al MacBook Pro, digamos que Apple triunfa entre los bebés, es verlo y querer tocarlo. Le llama la atención más que ninguna otra cosa. Supongo que entre otras cosas porque está prohibido, aunque a veces si que la dejamos acercarse lo suficiente como para tocar un poco las teclas.
El caso es que el martes mientras estabamos hablando con mi madre y mi hermana por el Skype y como la niña estaba en el suelo, pusimos el Mac en el suelo para que la camara enfocase a la niña y... pues si, la niña vió el Mac, se puso sobre sus rodillas avanzo un par de pasos y se lanzó a por el portatil.
Desde entonces no lo ha hecho mucho, pero entre pitos y flautas ayer se paseó por todo el salón. Estuvo un rato jugando con el cochecito empujandolo y tirando de él por la rueda de delante, también se escondió un rato debajo de la mesa de café del salón (de ahí hubo que sacarla porque se golpeaba al intentar salir).
Vamos, que en breve tendrá el título de exploradora del mar oceano. Ahora a cerrar las puertas y mantener todo lo frágil fuera de su alcance. Vamos, más preocupaciones.