El sábado cuando nos despertamos, Irene estaba como una moto. Venga a moverse y a dar patadas para que nosotros viéramos como se movía. Y digo viéramos, porque se veía como se movía la tripa y se veía un bulto más o menos grande que asociamos a la cabeza.
El caso es que sacamos el libro y leí la parte que correspondía a la semana 26 y allí decía que si alguien apoya la cabeza sobre el abdomen
puede escuchar el latido del corazón... ¡¡¡y es verdad!!!
Así que aunque sólo lo conseguí oir una de las veces que lo intenté, todavía me dura la sonrisa en la cara.
El caso es que ahora ya se la ve moverse y casi se podría decir que jugamos con ella (tripa mediante) y la sensación es de que ya está aquí. Ya viene.